Mayo del 2024, después de 14 días de hospitalización, salía diciendo esto:
“¡Celebre el regreso a casa!” Y salí emocionada, empoderada e ilusionada de allí. De ese lugar que me expuso mi lado más, más, más vulnerable de la vida; del nido del dolor y el alivio simultáneamente; de ese lugar, de ese momento de mi vida que representaba mi PUNTO DE GIRO.
Punto de giro, según una profe que tuve en un diplomado que hice hace poco, significa: “un incidente que afecta de manera directa a lo que sucede en una historia justo después de su aparición. Es un punto en el que la trama se ve obligada a tomar una dirección diferente; es decir, a girar”.
Pensándolo bien… la vida está llena de puntos de giro casi todos los días, sino que unos son más estruendosos que otros.
Nuevamente, 14 días después de cruzar una puerta, hay un punto de giro… uno grande, robusto, enorme y poderoso.
Podría ser muy instagrameable y decir que es un renacimiento, hermoso y un nuevo comienzo lleno de serpentinas y zepelines, pero mentiría.
No lo es, no lo ha sido, y espero algún día verlo en retrospectiva y verlo diferente. Pero por ahora siento que heredé de él algo que no se siente bien (que me estoy sacudiendo como perro recién bañado). Sin embargo, tengo la absoluta certeza de que tiene un propósito y de que también me hizo consciente de muchas cosas.
Hoy, ya en casa, nutriéndome de mis hijos, mis cobijas, mis mascotas, mi temperatura del agua en la ducha, mis plantas (que crecieron un montón), me atreví a sacar algunas conclusiones:
Que la salud mental es un tesoro, la salud en general lo es.
Que tener una red de apoyo hace la diferencia.
Que los humanos menospreciamos el contacto físico en todas sus expresiones, y cuando somos, por cualquier motivo, privados de él, lo anhelamos como un sediento una gota de agua.
Que la herramienta puede ser la misma, pero depende de en manos de quién cae puede hacer el bien o hacer el mal.
Que los seres humanos, cuando estamos agotados, hacemos muchas necedades y luego nos falta tiempo para lamentarnos por no habernos dado cuenta cuando debíamos hacerlo.
Que las riendas de la vida nunca deben ser entregadas a nadie, ni en nombre del amor, ni en nombre de la gratitud, ni en nombre de nada… son nuestras, aunque nos cueste a veces sostenerlas. Se vale pedir ayuda para llevarlas, pero nunca entregarlas.
Que, como decía Viktor Frankl, “la vida nunca se vuelve insoportable por las circunstancias, sino por la falta de significado”… ufff, qué importante tener algo que nos haga suspirar para los días en que nos falta el aire.
Bendigo lo que pasó.
Bendigo lo que me enseñó.
Bendigo lo que murió de mí en esta escena.
Bendigo lo que nació de mí en este capítulo.
Porque de eso se trata la fe: de saber que, si Dios tiene el control, todo está siendo como debe de ser.
Material y Lecturas
Punto de giro 2.0
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